EDUCACION MUSICAL, NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECIALES Y LOS APORTES DE FRANCES WOLF

En 1937 arribó a la Argentina una mujer que transformaría, definitivamente, la educación musical en el país. Es ella la pedagoga y actual musicoterapeuta Sra. Frances Wolf, quien bajo el brazo traía un método revolucionario: el método Montessori. Frances es autora, entre otras obras didácticas, de los libros "Viva la música" ( Tomos I y II) y este se convertiría en la década del '60 en un significativo aporte para las escuelas, ya que en ese tiempo había pocas ediciones de canciones infantiles y la educación musical por aquel entonces era bastante aburrida. Al respecto, en el mencionado libro hace hincapié, diciéndonos:

"El canto debe ser recreación en el sentido más amplio de la palabra". (Wolf. 1961.) 

La Sra. Wolf conocía perfectamente el desafío que la esperaba y sus primeras experiencias en esta nueva tierra las realizó con niños ciegos, logrando significativos resultados a través de la actividad coral. Pero, sin duda, la más rica experiencia en este campo fue el trabajo realizado con niños autistas. Dice Frances Wolf:

"El autismo precoz es una de las deficiencias más difíciles para tratar aunque el trabajo con estos niños es sumamente interesante. No estoy de acuerdo con aquellos médicos y terapeutas que sostienen que el autismo es irreversible". (Wolf y Alemany; 1988.)

La actividad musical de Frances Wolf incluye también a los niños discapacitados mentales y fue ella quien incorporó al método un repertorio novedoso, amplio y creativo, para la práctica permanente con estos chicos. En referencia a ello, la Sra. Wolf nos agrega:

"Es bien sabido que hasta los niños más atrasados mentalmente demuestran un buen sentido del ritmo. Con esta base entonces hay que empezar. Los instrumentos de percusión dan para ellos un gran placer. Con ellos se comienza. Más tarde los acompañamos ( la maestra o los alumnos del grupo más adelantado) con placas o canto. Seguimos invitándolos a cantar palabras, empezando por los nombres de cada uno; luego cantamos frases cortas. Poco a poco llegamos a cantar canciones muy sencillas". (Wolf y Alemany; 1988.)

Si recurrentemente desde educación hablamos de construcción del conocimiento y de apropiación de saberes, desde Educación Musical, entonces, tendremos que hablar de construir un lenguaje sonoro-musical, respetando, claro está, los saberes previos que el niño trae consigo. Dice J. L. Mursell:

"El desarrollo musical, como todo desarrollo mental, es un proceso en el cual se clarifican, profundizan y amplían conceptos esenciales". (Mursell; 1948.)

Por lo tanto, es imperativo que en las escuelas los alumnos manipulen, exploren y ejecuten (dentro de sus posibilidades) los más diversos tipos de instrumentos: cuerdas, vientos y percusiones. La clase de Educación Musical no debe transformarse, por ningún motivo, en la aburrida y común repetición de un repertorio pobre, insulso o de baja calidad, ni en la reiterativa audición de música "envasada", ya que en cualquier momento los maestros de nuestra especialidad podríamos llegar a ser reemplazados por un radiograbador. 

Educación Musical, desde sus más variadas y ricas formas de realización que ella permite, debe caracterizarse por el permanente "hacer", pero por un hacer también desde lo perceptivo; por la exploración del sonido y sus parámetros (altura, timbre, duración, intensidad, etc.), para luego, entonces, jugar con todos ellos diferenciándolos, mezclando y comparando; por la fabricación de "cotidiáfonos" u otros instrumentos que permitan formar pequeñas orquestas dentro del aula, para reproducir con ellos obras propias, individuales y colectivas, fomentando de esta manera la tan mentada creatividad; por la búsqueda y aplicación de los elementos de la música (sonido, ritmo, melodía, armonía, textura, forma, etc.), e igualmente, con los mismos, comparar, superponer, atomizar, agregar pedales y ostinatos; es decir, explorar permanentemente cada uno de los elementos sin dejar nunca de jugar. Con respecto a este punto, Frances Wolf, dice: 

"Es sorprendente ver cuántos niños con defectos mentales tienen un sentido por la música que es igual o mayor que el del promedio general. El ritmo los atrae especialmente. La vida de la gente con trastornos mentales, por lo general tan monótona, tan triste, puede ser cambiada radicalmente con la música. La música estimula la mente, activa el cuerpo, y si el paciente puede cantar o aprender a tocar algún instrumento simple le da un sentido de dignidad y de realización". (F. Wolf. "Los poderes de la Música". Diario "Clarín" de Buenos Aires, 2da. sección. 1989.)

También (dentro de las múltiples actividades que esta asignatura nos ofrece y por ende resulta altamente recomendable) es importante cantar. Cantar siempre. Cantar permanentemente con nuestros alumnos, así sus voces no sean buenas, presenten problemas de articulación o de fonación. Y esto no debería transformarse jamás en un impedimento, al contrario, habrá que fomentarlo y promoverlo, ya que ello permite la adquisición de nuevo lenguaje y favorece, del mismo modo, una mejoría en el caso de pronunciación defectuosa. 

El canto en la escuela debe ser una constante, pues, en muchas ocasiones se convierta en el único canal posible de expresión de estos niños; por lo tanto un buen repertorio, adecuado a las capacidades y posibilidades de nuestros alumnos será necesario considerar. Y por qué no considerar también la creación colectiva de pequeñas coplas, aunque en un comienzo la rima esté alejada o, simplemente, no exista. Lo significativo será, pues, la producción grupal y los procesos que ello involucra. Dice J. Alvin:

"[...] al cantar el niño cobra cada vez más conciencia de su instrumento natural, del proceso de respiración, de la entonación y articulación, de la memoria de sonidos y palabras". (Alvin; 1965.)

Un niño que tiene la posibilidad de cantar o de expresarse mediante sonidos, articulados desde su propia voz o emitidos desde un instrumento musical (por más elemental o primitivo que este sea), es un niño que está en amplia predisposición para la construcción de nuevos saberes, ya que se combina la percepción auditiva, táctil y visual. Afirma Christine Miles:

"Las canciones de acción son útiles para los alumnos que están comenzando a hablar. Se trata de canciones en las cuales los niños hacen señas con las manos de acuerdo con la letra de la canción. Aprenden a imitar las acciones y también empiezan a imitar las palabras". (Miles; 1990.) 

Dentro de este grupo de canciones encontramos un largo listado en el repertorio de "Canciones para jugar": con el cuerpo y sus articulaciones, con las letras (vocales, consonantes o palabras cotidianas), los números, los días de la semana, los colores, etc., y donde los niños pueden hacer el reconocimiento con algún material didáctico adicional, para pegar en algún panel, expresar desde el movimiento o, simplemente, representar. Nos comenta Frances W. Aronoff:

"La práctica musical consiste en escuchar, moverse, cantar, tocar y crear, siendo la audición la base de los demás. A medida que el niño mejora en esos aspectos, irá afinando posiblemente su percepción de los detalles de la música". (Aronoff; 1969.)

¿Veamos, ahora, un ejemplo bien concreto para ir paso a paso agregándole distintos elementos? Trabajaremos en esta oportunidad con el ritmo de milonga. Esta canción se llama "Las vocales de paseo", cuyo texto pertenece al poeta chileno Luis Tamayo. Luego de aprenderla, haremos un juego de reconocimiento, usando títeres planos en un grupo de chicos moderados de 1er. Ciclo de la E.G.B. He aquí la partitura de la canción:


ACTIVIDADES:


1. Enseñar la canción. Una vez aprendida los niños procederán a grabarla con una pequeña instrumentación: pandero, raspadores, chauchas, manojos de llaves y semillas, claves (toc-toc), cajas chinas, etc.

La importancia de los instrumentos de percusión es que no requieren de afinación previa y presentan una variada riqueza tímbrica. 

2. Un grupo puede marcar el pulso, el otro los acentos y un tercero, el de los raspadores, hacer un ostinato con el ritmo de la milonga. Los niveles superiores pueden trabajar sobre un pedal con flautas dulces sobre la tónica y la quinta, etc.

3. Seguidamente, tendrán a su alcance los títeres planos, que deberán ser construidos por los mismos chicos, donde irá pegada cada una de las vocales. Los mismos podrán tener la forma de algún animal u otro objeto elegido, respetando, ciertamente, la vocal: A, abeja, abanico. E, elefante, estrella; etc. Al momento de ir cantándola, junto a la grabación, los chicos deberán levantar la vocal correspondiente, para hacer, al final, un baile o ronda con todas las letras.

4. Otra actividad consistirá en buscar palabras cotidianas o nombres de personas y animales que empiecen con cada una de estas letras, para luego dibujarlas sobre una cartulina por grupo de palabras. Una vez agrupadas, podríamos iniciar al grupo en lenguaje conjuntista.

Como podemos apreciar, el juego creativo, desde la música como eje vertebrador, ha estado presente en todo momento e incluso podríamos incorporar, desde un comienzo, otras disciplinas como Expresión Corporal o Educación Plástico- Visual, por ejemplo y las diferentes áreas del conocimiento: Lengua, Ciencias, Tecnología para integrarse en trabajos interdisciplinados, cuya articulación se dará a partir de esta simple canción infantil. 

5. Como una última actividad hacer una muestra colectiva con todas las producciones, en una clase abierta.

 

ACTIVIDAD N° 2:

¿Y que les parece si ahora iniciamos a otro grupo de niños, también del 1er. Ciclo, en el uso de las flautas dulces?

La utilización de la flauta dulce en el aula puede convertirse en una herramienta de mucha utilidad, ya que el niño deberá coordinar entre sonido y digitación (por eso es conveniente utilizar en un comienzo un repertorio adecuado) y en otros casos, incluso servirá para controlar la saliva y ejercitar la respiración. 

Cuando nos referimos a un repertorio fácil de ejecutar, hablamos de melodías sencillas, de pocas notas, aunque no carentes de musicalidad. Por ejemplo, existen en el repertorio escolar melodías de apenas tres notas (Si, La, Sol), ubicadas y combinadas en forma ascendente y descendente, para iniciar al niño en el uso de este instrumento, sin asustar, torturar ni traumatizar al alumno. ¿Veamos?


Como otros válidos ejercicios tenemos el clásico "Ya lloviendo está", "Dos por diez" y esta que hoy les presento a continuación: "¡A tocar, a cantar! Una vez aprendida, otro grupo, de un nivel superior, puede agregar un pedal y ostinatos (pueden hacerse dos diferentes) con flauta dulce contralto.

"


Trabajar con dúos y tríos, tampoco debería ser una actividad alejada de lo cotidiano. Es importante que los niños puedan disfrutar de melodías superpuestas para que aprecien la construcción armónica. Si al principio hablábamos de pedales y ostinatos, ya podemos pensar en agregar una nueva línea melódica superpuesta:

Buscando siempre un mayor grado de complejidad, es igualmente posible agregarle a este mismo ejercicio, un acorde de guitarra (Sol M), donde el ejecutante, trabajando sobre dicho acorde, puede marcar el pulso o improvisar libremente un ritmo. 

Con chicos habituados a cantar, a jugar libremente con los instrumentos musicales, acostumbrados a buscar y explorar en todas y cualquiera de las formas expresivas que ellos nos brindan, sólo nos queda trabajar la IMPROVISACION MUSICAL. Ella nos permite internalizar, siempre a través del juego creativo, conceptos tan importantes y necesarios como son LA DINÁMICA (creciendo, disminuyendo, retardando, acelerando, etc.); LA DURACIÓN, LA ORGANIZACIÓN. Pero siempre estaremos oscilando en los elementos de la música: SONIDO, RITMO, FORMA, ESTILO, ARMONÍA, MELODÍA, etc. Nos dice, Violeta H. de Gaínza:

"Una educación musical o una terapia a través de la música, debería brindar al individuo la oportunidad de explorar libremente el mundo de los sonidos y de expresar con espontaneidad sus propias ideas musicales". (Gainza; 1983.)

Es preciso aclarar que no siempre la música (cantada y/o instrumental) como asimismo los instrumentos elegidos para trabajar en el aula son de utilidad en casos puntuales. Esto ocurre cuando el niño discapacitado presenta patologías asociadas o es un chico inadaptado. Dice Juliette Alvin: 

"[...] hay también muchos casos en que la música puede producir efectos indeseables y aun perjudiciales para el niño. Esto ocurre en el caso de niños que desean huir del mundo externo de la realidad que los rodea, mundo que los ha frustrado y que tiene exigencias que ellos no desean cumplir." (Alvin; 1993).

Y prosigue, J. Alvin, acotándonos, un poco más con respecto a los sonidos y la voz humana:

"El niño inadaptado es particularmente sensible a la naturaleza y cualidad de los sonidos que oye, y esto no se aplica sólo a la música. El maestro puede no advertir que la cualidad de su propia voz hablada puede afectar al niño inadaptado. He observado que una voz naturalmente alta - o emitida en un registro demasiado agudo para parecer alegre - puede producir un efecto adverso en un niño tenso". (Alvin; 1993.) 

Para finalizar esta parte se hace necesario que efectuemos una profunda reflexión acerca de nuestras prácticas docentes, por eso que, nuevamente, tomaré las palabras de Frances Wolf, cuando nos dice:

"Menos compasión y más comprensión". (Wolf y Alemany; 1988.)